En 1971 WL tenía 17 años, le llamaban "El largo" y sus tests fisiológicos y de resistencia arrojaban los mejores resultados del ciclismo de la Europa del Este.
Cuando en 1972 es convocado para su pase al equipo nacional, le aconsejan que se afilie al Partido de Unidad Socialista de Alemania. Su padre dice que no, que su hijo sólo quiere hacer deporte. Los funcionarios tratan de chantajearlo, pero él vuelve a decir que no. Días después es expulsado de su equipo y pierde toda oportunidad de acudir a los Juegos Olímpicos. ¿Fin de su carrera deportiva?.
Encuentra un hueco en la liga de empresas y se emplea a fondo: gana todas las carreras y el derecho a competir en los campeonatos nacionales y en la Vuelta a Berlín. La elite del ciclismo socialista se entrena en el extranjero. Él lo hace solo, en las colinas de su ciudad. Se impone en el campeonato nacional de persecución. La afición lo aclama, el Estado lo persigue.
Los demás corredores tienen prohibido hablar con él. Un ciclista que le dio la mano, fue expulsado del equipo nacional. En carrera los equipos oficiales hacen piña: todos contra Lötzsch. Lötzsch sigue ganando: La Vuelta a Berlín, el Campeonato Nacional de Carretera, la Vuelta a Sajonia.
La selección nacional le sigue vedada. Le obligan a salir cinco minutos después que el pelotón. Lötzsch les adelanta y vuelve a ganar. La afición lo convierte en un héroe. En 1975 sufre una caída. Con la cabeza rota, no ve al pelotón pasar de largo. Un médico del último coche lo recoge. Permanece en coma varios días, tiene el cráneo fracturado. Despierta y vuelve a los entrenamientos. La ferderación le explica que no puede volver a correr.
Trata de huir al Oeste. La Stasi le pone una trampa, pero Lötzsch no pica. Se pone en contacto con Rudi Altig, corredor occidental y director de un equipo de la RDA, le pide ayuda. Se reúne también con el corresponsal del occidental Süddeutsche Zeitung y el 20 de Junio de 1976 toda la República Federal de Alemania conoce su historia. La policía lo detiene, es condenado a 10 meses de prisión en una celda de 8 m2. 400 flexiones y 3.000 abdominales diarios, son su respuesta.
En 1977 recupera la libertad; acorralado pero en forma, decide afiliarse al partido. Retira su petición de permiso para salir del país. Va a jugar su última partida con las cartas trucadas.
77ª edición de la Vuelta a Berlín, 1983, Lötzsch tiene 30 años y compite solo, sin equipo, contra los mejores corredores del país. En el Kilómetro 50 se escapa, le quedan 150 por delante, es una locura. Consigue mantener la escapada, la afición acude a la meta y él consigue sacar 8´ y 30´´ al pelotón.
Hoy Lötzsch regenta un pequeño taller de bicicletas, en un garaje pegado a su casa. Todavía utiliza la bici, una que le regaló Eddy Merckx. Cuando la multitud tumbó el muro de Berlín, Lötzsch conoció los detalles de su historia: un informe de 2.000 folios elaborado por la Stasi. Todos sus amigos lo espiaron, ninguno se salva. Todavía se cruza a diario con algunos. Nadie le ha pedido perdón. Él solo tuvo que vencer al pelotón. Quién sabe si se adelantó 8 minutos ó 8 años.
Ver: El País; 23/11/08. Carlos Arribas; El ciclista que ganó a la Stasi.

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