Amargos olivos
“Cuenta un mito griego que Posidón, hermano de Zeus, y la hija de este, Atenea, disputaban sobre el nombre que habían de poner a una nueva ciudad fundada en el Ática por Cecrope, el del cuerpo de serpiente. Después de largas deliberaciones, los dioses decidieron conceder este honor a aquel de los dos que inventara la cosa más útil para los hombres. Con su tridente Posidón golpeó una roca y salió un caballo, instrumento de guerra; con su lanza Atenea golpeó la tierra y apareció el olivo, medio de superviviencia, símbolo del dominio de la humanidad sobre la naturaleza y representación de la victoria de la cultura sobre la violencia destructiva. La asamblea de los dioses no tuvo dudas. Desde entonces —y hasta hoy— esa ciudad se llama Atenas. Desde entonces el olivo y su hija la aceituna se difundieron por todo el Mediterraneo, convirtiéndose en el emblema de la cultura común por encima de las guerras y las religiones.” (1)
“…los agricultores (palestinos) tienen que esperar de Israel los permisos para poder acceder a sus tierras y recoger su cosecha. Si no los reciben, la cosecha se pierde. La agricultura es la fuente primordial de la economía palestina y los olivos representan casi la mitad del terreno cultivado. Casi 100.000 familias viven de su cultivo, pero cada día más ven como el ejército israelí deniega el paso. Sólo 180 de los 3.200 habitantes de la localidad de Jayyus tienen acceso a sus tierras. Sus olivares, como los de mules de palestinos, han quedado encerrados al otro lado del muro que Israel construye en la Cisjordanía ocupada. A estas dificultades, los agricultores palestinos deben añadir los habituales ataques de los colonos judíos a sus olivos, cuando no es el propio ejército el que los destruye. Entre enero y septiembre de este año se han arrancado o quemado 7.500 olivos, según la ONU. Según el Ministerio de Economía palestino, desde 1967 Israel ha destruido más de 800.000 olivos. Jermy Hobbs, director de Oxfam, calcula que la destrucción de árboles reducirá este año los ingresos de los agricultores en 500.000 dólares. Si consiguen cosechar la aceituna, se enfrentan al reto de llegar a las tiendas, para lo que tienen que superar varios puestos de control militares. En Gaza ni siquiera pueden sacar el producto ni cultivar a menos de un kilómetro y medio de la línea divisoria con Israel. (2)
(1) El mundo incompleto. Santiago Alba Rico; Fundación Autor; Anaya; Bilbao 1999.
(2) Gara: Cosecha amarga en los olivares palestinos. 11-12-2011.
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