Kurt Gustav Wilckens

Es enero de 1923, verano en la Argentina. El hombre alto y rubio que se dispone a tirar la bomba, es un pacifista, un tolstoiano sincero. Se llama  Kurt Gustav Wilckens. Es alemán  (o mejor dicho, nacido en Alemania) tranquilo, risueño, poco hablador y buen lector.

En los últimos ocho años ha sido detenido al menos en 4 ocasiones; 3 de ellas en EEUU (donde fue acusado de "alta traición" y de ser "el rojo más peligroso del oeste") Por dos veces logró huir de su cautiverio; una tercera fue expulsado a Alemania; la cuarta vez, sólo la lucha de sus compañeros le devolvió la libertad. Es por tanto un hombre terco en sus ideales.

También lo es su victima, el teniente coronel Varela, destinado a la Patagonia en medio de una revuelta campesina con una sola orden: "cumplir con su deber". Cuando Varela llegó, mandó llamar a los dirigentes obreros para negociar. Una vez en su presencia, los mandó detener y fusilar. Después llegaron el resto de campesinos, desorientados, asustados, dispuestos a entregarse, igualmente los hizo fusilar. No menos de 1.500 cadáveres enterrados en fosas comunes, dan fe de la terquedad del militar.

Kukrt Gustav Wilckens, también había sido militar durante dos años, en un selecto regimiento a servicio directo del Kaiser, pero cuando estalló la contienda militar desoyó los llamamientos de la patria... y los del dinero. Renunciando a la fortuna familiar, desempeñó siempre los más duros trabajos: jornalero, minero, lavacoches... los peor pagados. No se quejaba, era la vida que él había elegido, cerca de la naturaleza y de sus compañeros. Un día, después de mucho meditarlo dijo: " si ese coronel sigue vivo, volverá a hacerlo" y tomó su decisión con la misma fuerza y convicción con que había abrazado el anarquismo no violento.

Cuando bomba en mano enfrenta a Varela, una niña cruza la calle y se interpone entre los dos. Él trata de espantarla, pero ella no lo entiende. Wilckens se adelanta a la niña, protegiéndola con su propio cuerpo y obligándola a huir. Lanza entonces la bomba a los pies de Varela, pero él está demasiado cerca. La explosión quiebra las dos de pierna de Varela y una de Wilckens. El militar trata de defenderse con el sable,  Wilckens vacía sobre él su revolver . Todos los disparos, son mortales.

Wilckens no puede huir, la policía llega de inmediato y él les ofrece, de culata, su arma. En comisaría le obligan a permanecer de píe, sobre la pierna destrozada. Sólo dice: "Fui yo sólo. Único autor. Yo fabrique la bomba sin ayuda. Acto individual". Según narrará más tarde, le operan sin anestesia y le cortan 10 cm de hueso. El resto de su vida caminará con muletas.

En la cárcel es recibido como un héroe, establece contacto con sus compañeros a los que solicita únicamente libros. El fiscal pide una condena de 17 años, faltan pocos días para el veredicto cuando algunos carceleros le advierten de que hay un complot contra él.

La noche del 15 de junio Wilckens duerme sólo. Entra en su celda un carcelero al que no conoce, se trata de un familiar de Varela. Lo despierta con la punta del fusil y le pregunta: ¿vos sos Wilckens? -él, aturdido por el sueño contesta: Jawohl -un disparo atraviesa su confiado pecho. En Argentina, en aquella época, no existía la pena de muerte.

La calle responde indignada, estalla la huelga general, los enfrentamientos se suceden y corre de nuevo sangre obrera. Pero Wilckens ya está muerto.
Dos años más tarde, balas anarquistas mataran al asesino de Kukrt Gustav Wilckens, un alemán risueño, poco hablador, anarquista y pacifista.

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